miércoles, 7 de mayo de 2014

Un teatro para “otros” niños/ Inuk, una aventura polar (Creación colectiva)

Por: David Emmanuel Barrera Sanchez


El Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM, ofrece dentro de su Temporada Teatral de Primavera 2014 una serie de obras con temáticas variadas, todas ellas con una participación activa de sus estudiantes. Inuk, una aventura polar se presenta los viernes a las 17:00 hrs. en el Aula-Teatro Rodolfo Usigli de la Facultad de Filosofía y Letras. A lo largo de una hora los actuantes reflejan un resultado limpio y meticuloso de dirección, acompañado de una producción esmerada, transportándonos a un mundo completamente ajeno al nuestro: Inuit, un pueblo de esquimales.
Pero ¿Qué tiene de particular Inuk, una aventura polar? La historia: Sencilla, profunda y humana. Inuk vive la separación de su pueblo y recurre al chamán quien le ayuda a emprender un viaje en busca de aquello que el pueblo ha perdido y que representa la salvación. Todo esto es enmarcado por una conferencia en la que pasan de lo obvio a lo sublime y terminan atacando con un sinfín de imágenes en cada escena. El trabajo de las conferencistas y el conserje complementan y dan más fuerza a los elementos de producción dotándoles no sólo de voces sino de personalidad y profundidad ya que esto da vida a animales que Inuk encuentra en su viaje; el chamán es vivificado por el único actor que a la vez nos invita a la ficción. Otro elemento importante son los juegos con una escenografía cambiante y que tiene siempre una incidencia dramática en cada situación que la historia plantea, con esto vemos que el paisaje distante que rodea a los esquimales es llevado a escena con elementos sencillos: Telas, gorritos con peluche, etc. Sumada la iluminación, todo en conjunto crea tanto la cima de una montaña como el fondo del mar congelado.
De todo lo anterior, entonces ¿Qué es lo más especial de esta representación? La historia de Inuk, una aventura polar cumple con su propósito de llegar a los niños; el hecho teatral presentado en el Aula-Teatro Rodolfo Usugli trasciendé al adulto. No había rostro que no mostrara preocupación, miedo, alegría, ternura y alguna que otra lagrima. Inuk, una aventura polar es una bella historia fusionada con un hecho teatral contundente y creativo. Este trabajo va más allá de sólo entretener, eleva nuestro espíritu y despierta al niño que duerme dentro de un tabernáculo de adulto.




ABDICACIONES De: Gloria Arellano y Fernando Narváez

Por David Alberto Pérez López


La Temporada Teatral de Primavera 2014 de la Facultad de Filosofía y Letras está por concluir, pero aún quedan un par de funciones sobre las tres obras que se muestran. Abdicaciones es el caso que ahora nos ocupa.
El espectador ingresa a un espacio que está dispuesto a manera de teatro arena: puede ocupar su lugar en cualquiera de las cuatro gradas que rodean el escenario central, que se trata de una oficina de un despacho jurídico. Las esquinas de este cuadrado también son espacios de los que se vale el espectáculo para señalar la cama de una mujer atenta a su cuantiosa medicación, el guardarropa en la habitación de una mujer ocupada en su apariencia dominada por el color rosa, una apartada mesa de un bar en otra esquina y una cabina radiofónica por último; estos dos pertenecientes a un par de hermanas que ahondarán la cercanía de su relación en la obra. Desde el inicio las actrices están interactuando en estos espacios de manera que introducen al espectador en cada uno de sus mundos y cómo estos empezarán, después, a entrecruzarse.
El texto, de Gloria Arellano y Fernando Narváez, revela los mundos intersectados de estas cinco mujeres en los que cada una busca cumplir sus deseos y hacerse oír por la otra. La obra ofrece una visión amplia de los distintos fragmentos bajo los que pueden observarse las relaciones humanas actuales: escindidas, banales, necesarias. De todo el espectro de la compleja interacción humana, Abdicaciones se ocupa de las renuncias con las que el mundo femenino debate hoy en día para hacer escucharse. Gloria Arellano también dirige la obra y deja ver estas relaciones con fluidez y con transiciones logradas. Hay acciones simultáneas en los diferentes lugares, sin desconectar la atención del público de la situación central; aunque para los espectadores de las primeras filas el espacio que está al otro extremo de su asiento no pueda ser visualizado del todo, por la presencia de ortos espectadores, y el desarrollo de la escena sólo se atienda por las voces de las actrices.
Noemí Cisneros da cuerpo a una abogada despreocupada por los asuntos ajenos con gran detalle y dominio. Rebeca Roa también consigue presentar con veracidad su personaje, una modelo a quien le ocupan los momentos fútiles con gran confianza y credibilidad en los otros personajes. Nandi Carmona se muestra entregada a su papel y conduce con precisión la emotividad de su mujer hipocondríaca. Haría falta más trabajo en las intenciones de Beatriz Bermúdez a quien llega a sobrepasar Leilani Cruz en los momentos en que conviven ambas hermanas.
El vestuario apoya al espectador para distinguir a cada personaje así como la iluminación de Selena Peña concreta los diferentes espacios de la obra. También son acertados la escenografía y el audio elegidos por la directora. La obra podría acrecentar su ritmo si se busca una precipitación más contundente sobre el desenlace de los mundos de estas mujeres y las renuncias que hacen unas por otras.

La obra se presenta los viernes hasta el 16 de mayo a las 19:00 hrs en el Aula-Teatro Escenario del Auditorio Justo Sierra de la Facultad de Filosofía y Letras.

lunes, 13 de enero de 2014

MANUEL CAPETILLO PARTE II


 O la eterna historia del individuo desintegrado por el sistema
PARTE II

Decidido a resarcir su figura en la medida de mis posibilidades, comencé a investigarlo y dejo en esta segunda parte, el resultado de esa búsqueda.

MANUEL CAPETILLO

Nace en la ciudad de México, el 17 de diciembre de 1937. Su formación familiar, con fuerte contenido del catolicismo, mediante la oración diaria, las preferencias litúrgicas de Semana Santa y el equilibrio difícil entre culpa y deseo de la vida eterna, resulta ser una formación que poderosamente influye para que Manuel Capetillo tenga la experiencia monástica, en la comunidad benedictina de Santa María de la Resurrección, en Cuernavaca, entre 1956 y 1961.

Posteriormente cursa varios años en la Escuela Nacional de Arquitectura, y en la Escuela Nacional de Música pretende muy tardíamente estudiar la carrera de composición.

Los tormentos y gracias espirituales, alimentados por la vida familiar y por una familia monástica renovadora hasta el grado de lo revolucionario, lo rebelde, y lo que a la corrupción se somete, más el deseo de crear espacios materiales y espacios musicales, en Capetillo contribuye a sellar una desbordada vocación espiritual a través del ejercicio literario. Con la memoria del canto y de la poesía de la oración, y con el recuerdo inicial del personal adentramiento, hacia los treinta años descubre su inclinación por la escritura.

La obra de Manuel Capetillo es una acumulación de textos y de series de textos en torno a la idea de la muerte y la vida, la creación y la recreación, el fin y el comienzo. Acerca de Capetillo, conviene señalar que, tras sus cuentos, los cuales son anuncio de imágenes visuales poéticas que habrá más tarde de reiterar de modo constante -imágenes en torno al agua, el viento, el fuego, la tierra, la palabra, lo ritual, el sacrificio, la transfiguración...-, él hilvana una obra densa y multiplicada, la cual crece sin cesar, con pretensiones de un encuentro con lo absoluto, desde la escritura cotidiana.

Capetillo es autor de obras, las cuales son libros de libros; obras entre las que destacan Plaza de Santo Domingo (Harper & Row Latinoamericana; obra completa, cinco libros en un volumen, 540 pp.) y El final de los tiempos (CNCA/ LUZAZUL; ocho libros en un volumen, 400 pp,), más otros libros sumados sin fin, los que de esta obra se desprenden: Paraíso perdido y recobrado (Un poema en tres partes dividido: / Serpiente / Superficie / y Escalera (DGP / UAM/ Molinos de Viento), Reinvención del Paraíso (prosa poética, relato amplio aún sin publicar), o incluso el ensayo titulado Límites de La muerte de Virgilio/Hermann Broch: más allá del lenguaje...

Como se ha dicho, la obra de Manuel Capetillo corresponde a un orden musical y simultáneamente arquitectónico. Es una obra construida lentamente, cada vez con mayor conciencia de una búsqueda precisa: la edificación de un templo y la persecución de su mayor altura.

OBRA PUBLICADA*
Novela: El cadáver del tío, FCE, 1971. || La galería dorada, Oasis, Los Libros del Fakir, 1977. || Plaza de Santo Domingo, Joaquín Mortiz, 1977. || Monólogo de Santa María, UV, 1985. || Plaza de Santo Domingo, Harla, 1987. || Paraíso perdido y recobrado. Un poema en tres partes dividido, Ediciones para Obsequio/MC, 1994. || El canto de la palabra, Ediciones para Obsequio/MC, 1995; Conaculta (Práctica Mortal), 2002. || El retorno de Andrés y otros viajes, Aldus, 1996. || La espiral del agua, FCE (Serie Espiral, núm. 2), 2000.
Teatro: Los experimentos, Finisterre, 1972.
Varia invención: La espiral de los tiempos, Ediciones para Obsequio/MC, 1996. 
Recursos electrónicos
Muestra literaria: Cuentos de Manuel Capetillo en Ficticia, ficticia.com
*(Probablemente sea una bibliografía limitada y haya más textos que desconozco)


TEXTOS
UN COMIENZO
Yérguese la adolorida tierra. En la sangre derramada inútilmente se hunde la sangre, hallándose ahí a la sangre, derramada como alimento de la vida. Se mezcla la obscuridad con la luz. Aún quedan confundidos el trigo y la cizaña. Es tan solo imaginación paradisiaca la montaña imaginada por Caín, donde son corona de penumbra las infinitamente distantes figuras de los padres del mundo original. Se escucha todavía el primer llanto de la parturienta, cuando Adán y Eva se dirigen al valle obscuro del abismo.
De la descensión celeste se precipita la lluvia de rocío blanco sólido de luz. La roca brota aguas caudalosas en los desiertos, y esa agua en odres de vino se contiene en los caseríos nocturnos. Se vive en fiesta, no obstante la consecuencia provocada por el engaño. La muerte triunfa, pero más que nada ronda inútilmente, asustada de sus particulares temores.

TIEMPO DE REFLEXIÓN
Fue por los pasillos obscuros de esa concavidad, en la que él provisionalmente vivía. Tomó con la mano derecha una curvatura desconocida y sensible, persistiendo mientras una exclamación, ahogada por el intolerable dolor que alguien sentía en torno suyo, temblorosa esa mano, y así también su cuerpo, enteramente. La cabeza flotaba, modificando su forma, y el delgadísimo conjunto de huesos, y de nervios y músculos, siendo cada parte, sobre todo, agua, y también flotaba el agua misma y sola que lo constituía, todo él flotando en ese mar estrecho y abundoso que semejaba una abultada gota de líquido, dentro de la cual supo crecer y estirarse largamente, cuanto pudo. Volvió a mirar, tras esa sensación, y en su mano estaba una cierta materia, similar a la carnosidad espumosa de las esponjas marinas, ni de metal ni de madera ni de nada, excepto de carnosidad humana confundida, que más se confundía, eso sí, con la puerta cerrada que se abría a la luz. Se detuvo dentro, y él mismo clausuró la abertura momentáneamente, deslizándose a la comodidad obscura, a fin de reflexionar con sensatez antes de tomar decisiones respecto a las que, más tarde, debiera arrepentirse.

REUNIÓN
En orden el sitio. Mesa y platos, limpios. Aún podría venir. Durante la madrugada, aguardando, me entregué al sueño. La lluvia cesó, si acaso, cuando me encontré despierto. Mis manos recorrieron la longitud de su cabellera, enredada entre los árboles. Presentí que su boca huía de mi boca, ella adentrándose, llevando consigo al bosque en la obscuridad de la selva y la tormenta. Más lejos, invisible para mí, adivinado, un resplandor. Me detuve, a sabiendas de que, en mis manos, y entre mis dedos alargados, algo hubo. Me acomodé en la mesa inexistente con intención de conversar. Decidí al fin encaminarme al sitio de la espera. Imaginé que allá, en la distancia, la noche me aguardaba. Luego aceleré mi prisa detenida, incesante.

INFORMACIÓN DE:


miércoles, 8 de enero de 2014

MANUEL CAPETILLO PARTE I

MANUEL CAPETILLO
(O la eterna historia del individuo desintegrado por el sistema)
PARTE I

Todos los viernes en Ciudad Universitaria, cerca de las tres de la tarde, un viejito de paso lento y contemplativo, con bastón y bolsa, con una pulcritud perfecta y de semblante amable, de carácter serio, seco, concreto y sin ningún problema, no al menos que echara sobre la humanidad para descargarse en foros innecesarios como generalmente hacemos todos de alguna u otra forma, bajaba del pumabus y se dirigía a la Facultad de Filosofía y Letras para dar el Taller de Crítica durante las siguientes cuatro horas, a un grupo de inconscientes estudiantes de la carrera de Literatura Dramática y Teatro, inscritos en la igualmente olvidada “especialización” en Dramaturgia. Por entonces, estábamos ávidos de escribir y expresar nuestras ideas acerca del teatro, del cine y verter allí nuestra propia visión del mundo y lo que menos teníamos era paciencia. Desconocíamos y como en esos casos nadie se atrevía o dignaba a decirnos (algunos lo aprendimos a tropezones), que en ese momento no teníamos referentes, ni amplia percepción, ni experiencia estética, ergo, no teníamos una visión del mundo en ese reducido y coludido universo maternal universitario donde nos educábamos; así que cuando llegamos a clase y vimos a un viejito con la bolsa sobre la mesa, sentado con la pierna cruzada, frente a una serie de sillas vacías, recargado sobre el bastón, perdido en pensamientos o quizá incluso en esa nada en donde se resuelven los dilemas cósmicos del individuo, hicimos lo primero que hacen los ignorantes y los petulantes frente a lo desconocido, frente a aquello que rompe sus parámetros, frente a aquello que les resulta inexplicable: lo negamos.
Después, cuando supimos que antes de escribir teníamos, irónicamente, que ver, escuchar y sobre todo, el dolor de cabeza de todo universitario: leer; y teniendo en cuenta que por entonces dentro del Colegio había dos o tres profesores que causaban revuelo entre los alumnos, ya sea por su fama déspota o su hiperactiva belleza, estar sentado cuatro horas viendo películas largas, gélidas y en blanco y negro; o estar escuchando cómo hablaba acerca de la observación artística, de las esencias originarias, de cómo -¡carajo!- Octavio Paz concentraba una buena parte del pensamiento filosófico y semiológico de occidente para explicarnos que las palabras son indecibles; o escuchar durante algunas horas música clásica, esa que todos conocemos pero nadie ha atendido completa y atentamente, nos desesperaba y perdíamos el ánimos, lo que se reflejaba en las inasistencias, postergaciones y desprecios. Un par de veces lo dejamos durante tres horas, sentado solo frente al salón en el silencio mordaz de un viernes universitario, con las voces enardecidas de borrachos, drogadictos y enamorados que atiborran impunemente la Ciudad Universitaria. Para nosotros era un anciano desconocido al cual, casi como limosna, le habían dado una clase para que sustentará su vejez; un anciano acabado que ante su falta de fuerzas y de renombre -porque en la universidad como en la vida en México lo que importa es el renombre aunque no hayas hecho nunca nada que valga la pena- nos hacía perder el tiempo leyendo el Mono Gramático, Esculpir el tiempo o viendo películas que duraban tres horas como mínimo y que no eran del afamado y casi idolatrado Ingmar Bergman, que para unos estudiantes de grandes expectativas pero de mente corta, como suelen ser los teatreros, esto era casi un sacrilegio.
Sin embargo, pasó el tiempo y pronto asomó la verdad su rostro burlón y severo, y como toda verdad fue irrefutable; hacia el final del semestre, algunos estábamos completamente seguros de que ese viejito escondía algo, que tenía algo qué decir y que no eran tonterías ególatras ni fantasías académicas, ni líneas ideológicas u oscuras tendencias, como sucede con casi todos en el CLDyT y comenzamos a escucharlo y lo escuchamos. Ese viejito, que se comportaba como un buen entrenador de box, haciéndonos repensar una y otra vez el discurso, los argumentos, los planteamientos de textos ajenos y propios, los elementos simbólicos en la filmografía de Andrey Tarkovski y que nos iba ayudando a cimentar un criterio a base de conversaciones, confrontaciones y discusiones grupales y que además de todo nos permitía conservar nuestra identidad, era, es y sigue siendo un perfecto desconocido, un perfecto marginado del CLDyT.
Pasó el tiempo y no podíamos siquiera recordar su nombre, pero yo sabía cómo leer a Octavio Paz, entendía desde dónde ver la filmografía de Tarkovski, el cine que anda por esa misma línea, entendí porque Bergman es el favorito de snobs de cafetería de moda, comprendí cómo ver el cine y casi como giro de tuerca en película de acción Hollywoodense, de pronto se afinó mi percepción de los acontecimientos escénicos en cuanto a la simbología y la construcción del discurso; finalmente pude expresar una crítica sin temor a mi personalidad pero con un juicio crítico que no me avergonzaría porque no sería servil, mercenario ni estúpido. Una vez revelado esto supe dos cosas, la primera, que aquel viejito de cuyo nombre no me acordaba, había sido uno de los mejores profesores de la carrera con quien tenía una deuda moral; y segundo, que me había convertido, igual que él, en un marginado de los “marginados a la carta” quienes pertenecen como fieles devotos o son dueños de las formas y los medios tanto en el Colegio como en el medio artístico en general.
Siguió indolente el tiempo su marcha y el viejito murió; cambió el plan de estudios y la clase se convirtió en optativa y no hubo ni una sola mención, un pésame, algún comentario de parte de nadie, porque para la institución él era un “Don nadie” y vi en dicha situación, una vez más, el rostro voluble, mercenario y vil de la “comunidad” que únicamente vuelve su mirada por cosas tan vulgares como el placer o el dinero. Ahora, el pasado diciembre se cumplieron 76 años de su nacimiento y 5 años de su muerte. Su vida es tan interesante como misteriosa, su soledad, su desesperación, su enojo de desposeído, su visión religiosa, su imposibilidad, entre muchos otros aspectos, se ven reflejado en sus textos. Sé que esta reseña biográfica llegará a pocas personas y que serán menos quienes tengan la curiosidad o el ánimo de llegar hasta este punto, puesto que no es una figura de moda o de reflectores, sin embargo, así como eran el espíritu de su taller, estas líneas son, como diría Rubén Bonifaz Nuño:

“…para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia
porque no serán consolados,
los que no tendrán, los que pueden escucharme;
para los que están armados, escribo.”

Para los que llegan a las fiestas…
Los demonios y los días, 1956


martes, 5 de noviembre de 2013

DERRETIRÉ CON UN CERILLO LA NIEVE DE UN VOLCÁN De: LAGARTIJAS TIRADAS AL SOL

UNA MONOGRAFÍA PARA TRANQUILIZAR A LAS "BUENAS CONCIENCIAS"

Elenco:                                                                                                Francisco Barreiro, Luisa Pardo, Gabino Rodríguez.
Coordinación y Texto:                                                                      Luisa Pardo, Gabino Rodríguez
Asistente de Dirección :                                                                  Mariana Villegas
Asistentes generales:                                                                      Hoze Meléndez, Carlos López Tavera
Video:                                                                                                  Yulene Olaizola, Carlos Gamboa
Iluminación:                                                                                       Sergio López Vigueras
Investigación iconográfica:                                                             Josué Martínez
Utilería y arte:                                                                                   Úrsula Lascurain
Colaboración artística:                                                                    Fernando Álvarez Rebeil, Mauel Parra García
Radio, línea del tiempo/ árbol genealógico:                                 Juan Leduc
Artista invitado:                                                                                Felipe Luna
Imagen:                                                                                               Francisco Barreiro
Isadora:                                                                                               Carlos Gamboa
Asesoría técnica en video:                                                              Emiliano Leyva
Edición del Libro:                                                                             Interior 13
Realización escenográfica:                                                            Mauricio Maldonado, Agustín Padilla, Héctor Arrieta
Realización de vestuario:                                                                Yesenia Olvera, Patricia Sánchez
Drapería:                                                                                            Marco Álvarez
Producción Ejecutiva Teatro UNAM:                                             Andrea Poceros y Ricardo de León
Staff de producción:                                                                         Joel Olmos, Armando Ruíz, Luis Ramírez, Elmer Ramírez
Coproducción:                                                                                    Teatro UNAM, Kunstenfestivaldesart,
Festival de México en el Centro Histórico y
Compañía Lagartijas Tiradas al sol
Por: Antonio Mejía Ortiz

Derretiré con un cerillo la nieve de un volcán, propuesta escénica de Lagartijas tiradas al sol, por un lado, usa la sátira política para hacer una revisión histórica del PRI, institución mexicana que a través de la imposición autoritaria disfrazada de democracia, ha determinado el rumbo de la ideología nacional, luego de la Revolución de 1910. Por otro lado, nos muestra la vida Natalia Valdés, activista del Magisterio desaparecida en misteriosas condiciones durante el año 2000, quién sufrió la violencia ejercida desde el Estado en sus diferentes mecanismos de control, que van desde el credo familiar hasta las totalitarias doctrinas burocráticas.

La puesta en escena intenta crear un efecto de distanciamiento que genere en el espectador una reflexión crítica acerca de su conciencia social y su identidad nacional. Se sirve de diferentes técnicas de convención escénica para generar sentido teatral, como la proyección en video de material histórico; el uso de frases y datos duros sobre la pantalla a manera de cuestionamientos retóricos; las formas de establecer contextos como las del Teatro campesino, con letreros, imágenes, máscaras o elementos de utilería que determinan los rasgos de carácter o la presencia misma de un personaje, logrando en la percepción del espectador una intensidad adecuada del ritmo escénico; la relación directa con el público, a través de narraciones, lecturas, explicaciones o discursos; hasta breves representaciones, incluso. Lo anterior en función de una estructura dramatúrgica geminada que se mueve libremente en el tiempo, los espacios y los contenidos psíquicos, emotivos e intelectuales, con el dinamismo de las construcciones postdramáticas, donde convención y ruptura se reúnen en un planteamiento escénico irradiante de asociaciones históricas de un cercano pasado político mexicano, que conduce al espectador de una evocación de la narrativa personal hacia una conciencia del devenir de la identidad nacional.

El planteamiento es interesante sin embargo su ejecución deja mucho qué desear, pues si bien están planteados o sugeridos los momentos escénicos, no son contundentes en la mayoría de los casos o simplemente no se concretan, ocasionando que hacia el final, el entramado de la historia de Natalia Valdés en lugar de conmovernos, se diluya en un tono melodramático deficientemente sostenido por Luisa Pardo. Asimismo, lo que comienza como una dramaturgia comprometida con la realidad social de un pueblo, se mantiene al margen, quedando así en mera relación de hechos, expuesta por un grupo de teatro que más allá de no tomar postura, no profundiza en los medios de formación e imposición de una ideología hegemónica. Lo mismo sucede con los aspectos fundamentales que determinan la curvatura destructiva en la psique de Natalia Valdés, los cuales, insinuados pero no apuntalados, se confunden y adquieren el mismo peso dramático que los apuntes narrativos de otros personajes, los cuales le dan cuerpo a  las circunstancias pero no a la dimensión humana del carácter.

A lo anterior se suma un convencional e ineficaz uso del escenario, recargado de decoraciones inútiles que no aportan nada al sentido de la propuesta ni a la atmósfera. Un diseño de iluminación repetitivo que pasa inadvertido porque se desentiende de los tonos emotivos desarrollados. Transiciones expuestas donde los actores deshabitan su instrumento, trazos sucios y posiciones que al no estar referidas a una imagen o concepto espacial, le dificultan al público una plena percepción del acontecimiento. Un diseño sonoro que, como lo anterior, se queda muy pequeño frente a lo llamativo de la proyección que se vuelve indispensable como elemento que va resolviéndolo casi todo. Aunque por el estilo de la propuesta escénica se comprende que no es intención de los actores representar, ni establecer una progresión dramática o una variedad de tonos, hay ciertos aspectos técnicos de presencia escénica, proyección de emociones e intenciones y de entrenamiento corporal que no pueden eludirse. Mientras Francisco Barreiro y Gabino Rodríguez, de alguna forma van sosteniendo su presencia escénica, Luisa Pardo se nota lejos de la disposición necesaria para llevar a cabo y de manera eficaz, la parte que le corresponde y es esencial para la evolución de la escenificación.


No quiere decir que sea una obra de teatro por completo desechable, más bien que requiere un tratamiento más complejo porque en este momento da la sensación de estar frente a un proceso y no presenciando un resultado. Con todo, tiene momentos interesantes e imágenes bellas que mantienen despierta la atención del público. También se puede rescatar las soluciones de las distintas imágenes escénicas a través de los mismos accesorios y que aun siendo ilustrativos en general, aportan expresividad al discurso y continuidad espacio-temporal. Es una obra con atractivas pretensiones pero incompleta en su realización. A pesar de sus buenas intenciones, no le hace justicia a la condición de vida de los mexicanos y sus necesidades críticas, ni a la memoria de Natalia Valdés. Dadas sus características discursivas y estilísticas, se siente fuera de lugar como un cerillo intentando derretir la nieve de un volcán. Termina por funcionar como un calmante para las buenas conciencias de la clase “culta” universitaria o una monografía lúdica, en lugar de ser un reclamo de dignidad que se relacione con las necesidades del grueso de una población engañada, traicionada, sumergida en la extenuante jornada de la ideologización histórica.

viernes, 18 de octubre de 2013

LA DEUDA DE EXISTIR

LA NOCHE JUSTO ANTES DE LOS BOSQUES
De Bernard-Marie Koltès

Dramaturgia:                          Bernard-Marie Koltès.
Dirección:                                                Zaide Silvia Gutiérrez.
Elenco:                                      Abraham Vallejo.
Traducción:                             Atanasio Cadena.
Adaptación:                            Zaide Silvia Gutiérrez y
                                                     Abraham Vallejo
Diseño de escenografía,
iluminación y vestuario:     Patricia Gutiérrez Arriaga.
Diseño sonoro:                      Richard Mcdowell.
Producción:                             Miguel Del Castillo y
                                                     Abraham Vallejo

Por: Antonio Mejía Ortiz

El espectáculo creado por el equipo de Zaide Silvia Gutiérrez, nos muestra el fatal tránsito por la existencia de un personaje que “no queremos ver”, aún cuando nos encontremos con ello a diario. Un joven lumpen a través de su propia percepción de las circunstancias, determinado por su patología y a veces desde su condición marginal, inscrito en un medio creado para violentar la identidad individual de la sociedad, nos enfrenta con esa realidad que impera en las grandes urbes, al interior de los barrios pobres que bien pueden estar en Londres, New York o la misma Ciudad de México.

Obligado a definirse en un sistema diseñado para explotar y alienar al hombre, prefiere arrojarse a la paradoja de la que habla la directora del espectáculo: “anularse para definirse”; aunque esto reduzca su humanidad a la condición de un desterrado, de un loco que teniendo, aunque trastocada, la verdad en su boca, ha cometido el peor pecado: intentar Ser; y que por lo mismo, escupido en la boca por el determinismo histórico que hace las veces del Dios absoluto, no podrá entenderse más que como un “emigrado”, como nombra Alain Resnais en su documental Noche y niebla, a todos los enviados a campos de concentración, por el nazismo (y la comparación no es gratuita).

Esta reflexión, que toca de soslayo los aspectos brutales de la vida y la muerte, es en realidad una declaración de principios que surge del desesperado anonimato en que nos encontramos todos los citadinos, obligados a ser extranjeros en nuestra propia individualidad, que a su vez se desarrolla en un desierto existencial que lo desintegra todo, prohibiéndonos la entrada a aquel vacío que significa desprendimiento y que, por lo mismo, espera ser llenado por las necesidades propias de nuestra voluntad, de la que hablaron tantos escritores y filósofos.

Abraham Vallejo supera las complejidades propias del unipersonal; habita, crea y moldea el espacio escénico, ayudado por una iluminación y un diseño sonoro que siendo precarios, resultan eficaces. Se nota su preocupación y su trabajo en los aspectos técnicos del oficio actoral, a pesar de llevar a cuestas algunos malos hábitos de la formación universitaria, que persisten a través de las generaciones de egresados del CLDyT, particularmente. Con todo, logra hacer aparecer en el espacio la imagen escénica, gracias a una buena comprensión de las intenciones y  motivaciones ulteriores del carácter que representa.

La escenificación cuenta con imágenes poderosas y bellas, como el juego que hace Abraham con el vestuario, la llave chorreando o los pulsos cardíacos que aparecen inesperadamente. Quizá su punto débil se encuentra en el excesivo cuidado que la dirección tuvo para evitar caer en regionalismos, situación que le dificultan al público una clara contextualización de las circunstancias y asimismo, le impiden al actor profundizar en los aspectos esenciales de las emociones del personaje. Esto provoca una percepción incompleta que se traduce, en la lectura del espectador, como ausencia, falta o insuficiencia en los matices y variaciones del ritmo, que siendo vertiginoso de principio, tendría que explotar en un clímax de mayor intensidad o llevarnos hacia un anticlímax devastador, que habría ido construyéndose a lo largo del espectáculo.

La noche justo antes de los bosques es un espectáculo difícil de abordar, especialmente por el público adiestrado para buscar mero entretenimiento; sin embargo, considero que es una escenificación nada pretensiosa, honesta y con muchas virtudes técnicas, artísticas y humanas que todo habitante de Ciudad debería ver y pensar. Como todo trabajo digno, tiene posibilidades de perfeccionarse, sin embargo, esto es un ejemplo del teatro que la sociedad mexicana, el gremio artístico, los estudiantes, los hombres y mujeres de la Ciudad -por lo menos-, necesitan presenciar: un teatro universal desde la individualidad de uno que expresa a otro; que desde su mortalidad se abre camino a través de las “estrellas”, de las complacencias y sensiblerías comerciales, de las pobres búsquedas reduccionistas y la miserable aparente conciencia de los falsos vanguardistas de la escena mexicana, que llenan las carteleras y los registros de los patrocinios del Estado.




martes, 15 de octubre de 2013

Mtro. Lech Hellwig-Górzyński, del CLDyT, recibe condecoración internacional

Ver: http://www.filos.unam.mx/2013/09/lech-hellwig-gorzynski-condecoracion-internacional/

o ver en: http://www.dgcs.unam.mx/gacetaweb/2013/131014/gaceta.htm


El pasado 6 de septiembre de 2013, el Presidente de la República de Polonia a través de la Embajada en México, condecoró con “La Cruz de Oficial de la Orden de Mérito de la República de Polonia” al Maestro. Lech Hellwig-Górzyński, quien ha sido profesor del Colegio de Literatura Dramática y Teatro (FFyL, UNAM) durante 26 años. Honor otorgado por su contribución al desarrollo de las relaciones teatrales, escénicas y culturales entre Polonia y México.
La Excelentísima Embajadora Señora Anna Niewiadomska, así como la Agregada Cultural Agnieszka Zygadło, se refirieron a la participación activa del condecorado en la vida cultural de México, a su importante labor como profesor universitario que forma y promueve, cada ciclo escolar, nuevas generaciones con una profunda pero realista percepción del arte, en especial del arte dramático; y asimismo, a su arduo empeño por estrechar y comunicar los patrimonios, polaco y mexicano.
Egresado de la Escuela Nacional Superior de Teatro “Aleksander Zelwerowicz”, vive en México desde el año 1984, donde ha impartido cátedra y seminarios en diversas instituciones. Entre sus logros se cuentan haber establecido las Temporadas teatrales de repertorio, las cuales abrieron los foros del Colegio de Teatro al público. En 2008 fundó el “Seminario Multidisciplinario de la Creación Escénica Teatral” (SEMUCET), y en 2006 el “Premio para la Creación Escénica”, que en su más reciente entrega contó con la presencia notable del Rector José Narro Robles (Gaceta UNAM, 29/11/12. P23). Actor y director de teatro, con un extenso currículum, ha participado y coordinado varios proyectos escénicos estudiantiles y profesionales de relevancia nacional e internacional.
“El Maestro Lech Hellwig-Górzyński ha contribuido al desarrollo de las relaciones teatrales y escénicas entre Polonia y México. Fue iniciador del intercambio de estudiantes y profesores entre la UNAM y los centros teatrales de Polonia.” Comentó Agnieszka Zygadlo. “A pesar de eso, trabajando en el ambiente académico e intelectual influye de manera significativa en la formación de la opinión sobre Polonia y despierta el interés por las cuestiones polacas ahora y en el futuro.” Indicó.
Para quien fuera Consejero para la Cultura del Estado de Tabasco, Director de Investigación en el Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli (CITRU) y Coordinador del CLDyT de la UNAM, no existen las barreras culturales, sino la idea de la complementación entre dos culturas de orígenes distintos, de allí sus diversas y abundantes actividades en el ámbito teatral, tanto en México como en su tierra natal, Polonia.
“Aprovecho la ocasión para agradecer a mis grandes amigos que trabajaron arduamente para traerme a México; a los que me ofrecieron su enrome amistad y protección; y asimismo, a quienes me han dado la oportunidad de desenvolverme como miembro de la UNAM, la Máxima Casa de Estudios del país y Latinoamérica. A ellos y a ustedes les digo: México es lindo y querido porque abrazó con calidez a un polaco que, gracias a ellos y a todos ustedes, se convirtió en un transterrado ciudadano del mundo.” Expresó el Mtro. Lech Hellwig-Górzyński en su discurso de agradecimiento.
En la Ceremonia estuvieron presentes el Profesor Emérito, recientemente homenajeado, Dr. Alfredo López Austin, el Coordinador del CLDyT Mtro. Tibor Bak-Geler Geler, la Mtra. Aimée Wagner y el cineasta Armando Casas, entre otros invitados, miembros de la comunidad universitaria y de la comunidad polaca en México.
Nota de Antonio Mejía Ortiz