miércoles, 15 de marzo de 2017

"Dirección Teatral: Arte, ética y creatividad"

Cuando se habla de arte, suele decirse que todo es muy subjetivo, sin embargo, el arte también tiene parámetros claros y definidos que determinan cuándo se trata de una obra creativa y cuándo son sólo ocurrencias, disparates. La supresión de las características estéticas y de los principios básicos que permiten la expresión creativa son menospreciadas por un grupo de micropoéticas sustentadas en el gusto personal, la moda, la corrección política de izquierda o las distorsionadas psiques de quienes tienen acaparados los medios de producción y los espacios de exposición.
Con todo, la verdad siempre reclama su espacio y se hace evidente ("el que tiene ojos que vea"). Es así, que podemos encontrarnos con una joya de la pedagogía teatral (cuya publicación tuvo todas dificultades) como es "Dirección Teatral: Arte, ética y creatividad" de Kazimierz Braun, maravillosamente traducido por Malgorzata Hadrys-Luna y que sería legado de mi mentor el Mtro. Lech Hellwig-Gírzynski.
Este libro, que está la venta en las librearías de la UNAM, es un texto claro, analítico, pedagógico; es práctico y accesible para los estudiantes de teatro como para los aficionados. Parte de los principios básicos del hecho escénico cuya comprensión posibilitará la experimentación y la ruptura con sentido, a través de los distintos niveles de una construcción estética.Es la exposición de un conjunto de técnicas y métodos prácticos, profesionales y bien organizados que tiene como finalidad la expresión creativa dentro de un espectáculo escénico. Es un texto que debería ser de cabecera para los estudiantes e incluso, para algunos profesores quienes creen que su "genialidad" no admite discusiones.
Si se puede hablar de términos duros en el teatro, este libro los contempla, los define claramente y los pone en orden con una estructura encaminada hacia el hecho escénico. Además de su muy bonita edición, es de agradecer el acercamiento pedagógico (seco, serio y concreto) de "Dirección teatral: Arte, ética y creatividad", cuando estamos abrumados por un medio artístico lleno de mesías posmodernos, de expansionistas líquidos, de "genios" podramáticos, de poéticas burocráticas, mercenarios y aduladores.
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"Dirección Teatral: Arte, ética y creatividad", Kazimierz Braun. Trad. Malgorzata Hadrys-Luna y Lech Hellwig-Gírzynski. UNAM, 2015.

jueves, 2 de marzo de 2017

ELLE, NO ES UNA PELÍCULA FEMINISTA

ELLE es un gran ejemplo de cómo se actualiza un arquetipo en el arte. Es un filme muy interesante que tiene dos planteamientos: la anécdota superficial de una víctima de sus errores de carácter: intensa, bien contada, asimilable para todo el público; y, la trama subterránea, de la femme fatale, de la bruja que se convertirá en diosa, que es donde se encuentra el tema: arquetípico, poderoso, realizado con exactitud; que se percibe en ciertos detalles a lo largo de la anécdota superficial y que, definitivamente, no será del todo asimilable para el público en general. Hay dos tipos de mujer empoderada: las que buscan el poder de los hombres y las que buscan ser el poder al que aspiran los hombres; la protagonista de esta película pertenece a la segunda categoría. No se trata de una mujer que quiere vivir, experimentar la pasión y hallar su deseo, sino que ella es deseo, es la representación de la pasión por la vida, cuando ésta vida ha sido traicionada por las premisas del hombre. Así, muestran a una mujer que se ha convertido en castradora, pero no por ideologías de género, sino por vitalidad e instinto, cuyo deseo ha sido extrapolado y se encuentra más allá de los principios morales; sin embargo, no cancela aquellas virtudes del placer y la masculinidad que alimentan su tránsito por el mundo. Es la muestra de la feminidad autónoma e inusual, cuya vocación y talentos son puestos al servicio de un fin perverso alejado de conceptos reduccionistas. ELLE es una Medea que deambula por la ciudad buscando alguien a su medida, pero allí únicamente los dioses.

lunes, 30 de enero de 2017

LA LA LAND

Un viaje a través del amor, a través de la vida.


Fui a Oaxaca para leer un texto mío y apenas llegando, dos talentosas y bellas señoritas dijeron que iban a ver La La Land, que si queríamos acompañarlas. Me pareció buen plan porque si no era en ese momento, después quizá ya no iría al cine a verla. Nos juntamos unos cuantos compañeros y fuimos entre la expectativa y la promesa de que era un filme espectacular. Yo estaba muy interesado porque había visto Whiplash y me gustó mucho, no sólo por mis pretensiones musicales y artísticas, sino por el sentido del ritmo de Damien Chazelle; porque Emma Stone es una de esas chicas que a primera vista no te gustan, pero terminarías enamorado locamente de ella, porque desde hace unas cuantas actuaciones Ryan Goling se ha vuelto un actor interesante, porque había escuchado el sountrack y es una belleza, porque todo mundo estaba encantado por el musical.

Aunque La La Land tiene otro tono y es otro universo, conserva mucho de Whiplash en cuanto a una temática propia del director (amor y vocación en contraposición con la realidad) y un estilo, pero también en cuanto a un montaje hecho al ritmo y la melodía. Se trata de un musical en sentido estricto ya que está planteado desde una lógica sonora, es decir, no se trata de una realidad con apartes musicales sino de una realidad cuya materia es la musicalidad y su sentido melódico, tanto así que, si quitáramos la excelente banda sonora, se sostendría la estructura armónica: ritmo, tempo, intensidad, coloratura, etc.

Más allá de la espectacularidad propia del género, se narra una historia de amor convencional, pero no lo digo como demérito sino como virtud, dado que su extraordinariedad se basa, precisamente, en la tremenda humanidad de los protagonistas, con los que podemos identificarnos: sus deseos e ilusiones, sus fantasías, su lucha personal frente a circunstancias y las consiguientes frustraciones. Así, se hacen al prototipo y el cliché que implica cualquier relación amorosa y logran romperlo para alcanzar estatura universal y arquetípica.

La La Land retrata bien el universo de las permutaciones, donde las diferentes posibilidades desencadenadas por las decisiones de los personajes, respecto a su relación amorosa, avanzan a la par creando diferentes futuros donde ellos serán los mismos, pero sus destinos serán distintos.

Otra de las virtudes de La La Land es haber hecho un entretejido perfecto (que los estudiosos llamarían intertextualidad) que conjunta la época dorada del cine Hollywoodense (con referencias a una gran cantidad de películas icónicas), la fórmula del cuento de hadas (que continúa y continuará siendo determinante en el inconsciente colectivo) y el guiño a esa atmósfera jazzera underground, densa, elegante y perniciosa, único espacio y tiempo en donde una señorita henchida de ilusiones que desea ser amada se encontraría con un irremediable soñador arrebatado por el deseo de amar.

Aun cuando hay cierto detalle en el tono de la actuación, Emma Stone y Ryan Goling realizan una gran ejecución de canto, baile y actuación que hacen de esta película una bomba emotiva digna de verse, disfrutarse y volverla a ver. La fotografía y el arte acompañan y enfatizan el momento dramático de acuerdo a la premisa planteada del paso de las estaciones por las que atraviesa la relación de los personajes.

Lo que le confiere su dimensión de película importante, a diferencia de muchos otros musicales almibarados, son los quince minutos finales que nos revelan que no hay primavera sin invierno y que el amor se trata, a final de cuentas, de la capacidad de experimentar la alegría de vivir ante la imposibilidad de seguir con el ser amado. Asimismo, como diría el profesor Fernando Martínez Monroy, que amar es dar lo que no se tiene a quien no es, porque amar es romper el ideal y la mayoría de quienes desean ser amados, no están dispuestos a aceptarlo.


La La Land es, sin duda, una bellísima obra: interesante, moderna, ágil y emotiva; que marcará a los enamorados que vayan a verla y que propiciará una nostálgica paz a quienes han perdido o siguen esperando al amor de su vida.

lunes, 28 de noviembre de 2016

ENTRE LOS "TREPAS" Y LOS OLVIDADOS

Un día encuentro que la Fundación para las Letras Mexicanas anuncia orgullosamente que Olivia Teroba, parte de su comunidad en el área de narrativa, obtuvo el primer lugar en el Concurso Latinoamericano de Cuento Edmundo Valadés 2016, por su cuento Una maleta vacía. La curiosidad me lleva a leer el cuento en: http://www.estepais.com/articulo.php?id=525&t=una-maleta-vacia

El mismo día, leo un artículo acerca de Ricardo Piglia donde dice: “La enfermedad me ha hecho descubrir la experiencia de la injusticia absoluta. ¿Por qué a mí?, se pregunta uno, y cualquier respuesta es ridícula. La injusticia en estado puro nos hace rebelarnos y persistir en la lucha” (http://www.clarin.com/cultura/Ricardo-Piglia-leccion-maestro-tribu_0_1693030681.html).


Esto me devuelve a Modesto desahogo de Tomás Segovia, que Olivia Teroba consigna en su texto como una de sus referencias (porque, según ella, ha leído mucho por voluntad, herencia y destino). Y esta aparente conexión literaria, donde la autora se monta en palabras de gente grande para darle crédito a sus ideas pueriles, me recuerda una entrevista a Roberto Bolaño quien decía que había un grupo de escritores "jóvenes" que hacían su carrera a través de actitudes mercenarias, cortesanas y de pequeños grupos que se elogiaban unos a otros, sin el menos resquicio de vergüenza o crítica honesta. Él los llamaba: trepas (por trepadores).

También, decía que había Escritores que, en su momento, nadie tomó en cuenta y que fueron aborrecidos por motivos artísticos y/o meramente sociales; que muchos de estos habían muerto abandonados, en miseria, sin un mínimo asomo de reconocimiento. Bolaño decía que tan sólo las muertes de estos Escritores ya era un triunfo absoluto sobre esa literatura maquilada por los "trepas".

El cuento Una maleta vacía hace honor a su título, es un egomaniaco autoelogio lleno de clichés de aspirante a literato, de frases cursis, sensibleras e idealizadas y con expresiones u oraciones que, si leíste a los autores que ella enlista, sabes que denotan una grandilocuencia hecha de falsa humildad; esta desafortunada memoria-crónica hecha de solemnes lugares comunes, gana un premio Latoniaméricano. Quizá la menos señalada en este comentario sea la autora, pero así el estado de la literatura, del arte y de los artistas generados en las escuelas de escritores.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Y SE ACABÓ LA MUESTRA NACIONAL DE TEATRO:

Aquí el resumen (muy general, nada profesional y que desea ser irreverente) de un marginado:


MESA.- Identidad legal, derechos y relaciones laborales (domingo 6 de noviembre): sí, seguramente hay muchas formas de comprender la identidad legal, los derechos y las relaciones laborales de la “gente de teatro”, pero lo que a nosotros de verás, de verás, nos gustaría, es que el gobierno nos reconozca como artistas-Godínez.

MESA.- Teatro comunitario (sábado 5 de noviembre): Según la MNT, la definición, significatividad, originalidad y pertinencia del Teatro Comunitario cambia de acuerdo a la moda, la conveniencia o la reunión de ciertas neurosis individuales. Este año se trata del Teatro penitenciario y, si está favorecido por alguien con caché como el Foro Shakespeare y representado por ex presidiarios con renovadas ínfulas de calidad moral, pues ¡¡uff!!

MESA.- Teatro de intención formativa (domingo 6 de noviembre): para qué necesitamos pedagogía y metodología si tenemos ganas y un montón de bibliografía de escritores bien chidos, bien acá transversales y posdramáticos. Excepto la Cátedra Bergman que no anda con payasadas porque se sustenta en la figura del maestro José Luis Ibáñez.

MESA.- Teatro de Intención Artística y Propuesta Estética (martes 8 de noviembre): 1) somos geniales, amigos y reconocidos (con o sin mérito propio); 2) somos geniales y no necesitamos explicar nada… además no podríamos; hacemos obras bien chingonas, claro que, somos incapaces de argumentarlas con coherencia y sentido, pero igual nos vale, nuestra exquisitez debe ser suficiente. P. D. ¡¡¡Todos aman a Conchi León!!!, pero yo… pues no.

MESA .- Teatro de intención en transformación social o política (9 de noviembre): se divide en dos tipos, aquellos que no tienen idea de lo que hacen, que son repetidores de ideas, pero que se sienten bien porque ganan crédito como mártires (y becas de aquí y allá) y, además, sienten que están transformando el mundo hacia la dictadura del proletariado escénico… ser rojillo nunca pasará de moda, además ni se necesitan credenciales, sólo lenguaje posmo. Por otro lado, están aquellos que tienen más buenas intenciones que ideas.

MESA. - Obtención de Recursos (lunes 7 de noviembre): Martín López Brie y Enrique Olmos de Ita en la Muestra Nacional de Teatro… pues el chiste se cuenta solo.

MESA. - Teatro para públicos específicos (jueves 10 de noviembre): Siempre se necesita gente loca que atienda a públicos específicos, algunos de ellos de verdad marginados y otros casi que inventados… ¡Ah!, y otra vez Olmos de Ita. Y, respecto a la participación de Ricaño, que parece causó ámpula en una de las panelistas, opino que por favor ya bájenle dos rayitas, el comentario no fue ofensivo, pero ahora resulta que sólo se le puede hacer crítica, contraposición o, incluso opinar distinto, si se trata de un hombre, heterosexual, blanco y de mediana edad, ¡qué clase de tiranía tan hipócrita!

MESA. - Distribución, movilidad y modelos de programación (martes 8 de noviembre): La Rendija, bien. Luego, lo único rescatable fue la participación del público, especialmente de Fernanda del Monte que le calló el hocico a… ¿quién creen?, sí, de nuevo Olmos de Ita. Para ser tan rebeldoso, este muchacho es bastante institucionalmente metiche.

ENCUENTRO DE REFLEXION E INTERCAMBIO (4 de noviembre): es de lo más sensato que se ha dicho en la 37MNT. Me parece que la autodenominada “gente de teatro”, lo peor que hace es contaminar la escena teatral en los estados. La “gente de teatro” (en su transversalidad, horizontalidad, expansión, y demás bobas vanguardias) termina por contaminar, desde una visión turístico-colonialista, el desarrollo propio de las comunidades. El peor enemigo del teatro, es la “gente de teatro”, ese grupo favorecido por azar o destino que en la práctica se ha conformado como una clase, parecida a la clase política.

MESA.- Teatro Liminal (Viernes 11 de Noviembre): Demasiada gente demasiado geniales (obviamente hay un guiño sarcástico). Me interesó lo de Tarkovski y me enfrió la explicación del proyecto. En general, todos los proyectos sonaron interesantes, sí, pero… algo no cuadra.

MESA.- Experiencias teatrales (Sábado 12 de Noviembre): mesa muy interesante. Quienes participan tienen propuestas para TEATRO, específicas, concretas, con las que, cualquiera interesado en las artes escénicas, debiera estar en contacto.

MESA.- Presentación de conclusiones (sábado 12 de noviembre): Yo considero que las cuotas de género no funcionan. Según quienes dieron las conclusiones, lo mejor es esa verticalidad de la que tanto se quejan. También, en la Muestra Nacional, evento hecho para discutir, no hay tiempo para discutir. Y según ellas, la Muestra realizada por y desde la institución no tiene qué ver con la institución; bajo este supuesto, cualquiera puede ir y presentarse y exponer, pero no es así. La institución siempre sí determina quién, cómo, cuándo y dónde, ¿entonces, es o no es?
Por otra parte, la conclusión es que cada quien se arregle como pueda y cuando tengas algo que valga la pena (según ellos y bajo sus incuestionables y oscuros criterios), que todo se concentre en la institución; claro que, el Instituto Nacional de Bellas Artes, el Centro Nacional de las Artes y la Coordinación Nacional de Teatro, no puede responsabilizarse sino de aquellos que, como ahora, sean los elegidos (bajo incuestionables y oscuros criterios). Que todos hagan de todo, que la Ley dé seguridad social a los artistas y regular lo que por naturaleza no podría regularse, mucho menos de la manera en que se plantea; y demás fantasías de nivel universitario.
Más allá de tal asunto, opino que, por dios, ALGUIEN ESCUCHE A FERNANDA DEL MONTE; por otro lado, que alguien le quite el micrófono a Andrea Salmerón, porque así, de buenas a primeras, me pareció particularmente estúpida.

Al final de todo y viendo los clips de video de las obras seleccionadas, me parece que hubo la pretensión de hacer algo distinto, pero fue más de lo mismo. 

jueves, 10 de noviembre de 2016

La vida es sueño, en versión Claudio Valdés Kuri (o, el triunfal regreso de la papaya cósmica)


Soy una persona que gusta del teatro bien realizado y que detesta las estafas; por lo mismo, casi nunca voy al teatro (esto en la CDMX, en 2016). Si voy a gastar entre $250 - $450 pesos, prefiero que sea en palomitas, refresco y un producto que, aunque carece de calidad temática, por lo menos está bien hecho. No pretendo malgastar mi dinero viendo las torpes y ególatras ideas erradas y falsos conceptos de un ineficaz y mal habido “artista teatral” que además, está allí por el único “mérito” de la amistad, la lambisconería o la insistencia.

Cuando hablo de teatro bien hecho, me refiero a aquellas expresiones escénicas que contienen vitalidad y Verdad, independientemente de su hechura, estilo o corriente; un teatro así, casi nunca se ve en la Ciudad de México y mucho menos en aquello que se encuentra vinculado a las instituciones repartidoras de “cash” (becas, estímulos, financiamientos, etc.).

Sin embargo, de cuando en cuando, por invitación o porque soy un buen televidente, llegan a mí las obras de “la gente de teatro” y es así que canal 22 transmitió La vida es sueño, de Calderón de la Barca, en versión de Claudio Valdés Kuri, presentada recientemente en el Centro Cultural del Bosque. Lo primero que pensé fue que tenía una buena dirección de cámaras, como si lo hubieran ensayado para su grabación en tv; y, aunque no llega al nivel de las producciones europeas, parece que en México ya aprendimos a presentar teatro en video.

Lo segundo que pensé fue lo siguiente: la "adaptación" o “lectura” (que ya es mucho decir), que hizo Claudio Valdés Kuri, resultó en una fantasía jarocho-homo-erótica, propia de un imbécil ignorante que no sabe leer; hecha sobre la escena por (eso parecían) unos imbéciles ignorantes que no saben leer y, por ende, no saben hablar, pero eso sí, muy delgados. Ésta versión logró, sobre la escena, exterminar toda la belleza del texto. Estoy de acuerdo en que los actores tienen que comer y por esto, a veces aceptan participar en proyectos mezquinos, pero esto no los excluye de la responsabilidad de promover la mezquindad, la mediocridad y demás actitudes mercenarias ¿Por qué, cuando se trata de un actor haciendo telenovelas en televisa o tv azteca, se le critica con todo rigor; mientras que un actor en teatro haciendo una obra mezquina, se le trata con consideraciones especiales? ¿Con qué calidad moral se puede criticar la corrupción, cuando actuamos corruptamente en nuestra cotidianidad? Y todavía es peor cuando el actor se deja convencer por ideas estúpidas, ya sea por amistad o por enajenaciones mesiánicas, porque hablar de ideologías es demasiado, en este caso.

Como sea, mientras veía esta obra de Valdés Kuri, recordé que uno entra a la carrera de teatro con prejuicios e ideas preconcebidas que luego se complejizan o se enredan. El asunto es que, cuando se trata de hacer tu primera puesta en escena, quieres meter y hacer notar tus referentes y todas aquellas influencias que consideras nuevas, vanguardistas y auténticas; luego aprendes dos o tres ejercicios de calentamiento, concentración o de técnica teatral y dos o tres estilos y corrientes estilísticas, y también los metes; lo que queda es lo que, anteriormente, se denominaba “Papaya cósmica”, es decir, una mezcla desproporcionada y desbocada  de ocurrencias sin sentido que, inevitablemente, aparecen en cada generación. Y si, además de todo, tienes ínfulas de grandeza porque piensas que tienes una visión del mundo que nadie más tiene, pues la payasada se completa.

Es así que, este montaje de Claudio Valdés Kuri contiene todos y cada uno de los errores que un ignorante primerizo cometería; pero, además, se suma cierta lamentable imbecilidad, cada vez más cotidiana en el “medio teatral”. Era notorio que los actores no sabían qué estaban diciendo, de qué hablaban. Era notorio que había una confusión entre volumen e intensidad, entre proyección, expresión y expresividad; las técnicas más elementales de la representación eran tan deficientes que la actuación terminaba por ser un “ilustrar” nivel primaria el día de las madres, así de acartonado, gritado, sobreactuado, impostado, desarticulado y torpe.


En este sentido, el texto de Calderón fue un mero pretexto para darle un marco dorado a las insufribles fantasías del director. Cuando espectáculos escénicos de la más alta calidad internacional están a dos googleadas de distancias, se hacen todavía más notorios el cliché, así como los recursos desgastados hasta el ridículo y revisitados de manera incompetente. Era notorio el fastidio del público y la nula conexión con la escena. Era notorio que allí no había espacio escénico, no había acontecimiento, no había teatro y con todo, al final el público aplaudió y siguió aplaudiendo en un acto mecánico, como parte del protocolo de asistir al teatro, como aquella persona que enciende el televisor no para verlo, sino para escuchar algo mientras lleva a cabo sus alienantes actividades cotidianas.

miércoles, 15 de junio de 2016

LAS ELEGIDAS, de David Pablos

El fetiche de los conceptos nobles e incuestionables 


Si la frívola, cursi y ególatra conciencia social de Michel Franco fornicara con la pretenciosa, cursi y ególatra fórmula de cine de arte o cine de autor de Reygadas; si además los grabara la torpe cámara de Amat Escalante y tuviéramos como sustento argumental la idea “original” de un intelectual “a la carta” como Jorge Volpi, resultaría un producto como Las elegidas, de David Pablos.


Las elegidas no versa ni reflexiona acerca de la violencia de género, tratantes de blancas ni corrupción; no hace una crítica al sistema, ni a los gobiernos y mucho menos a la normalización del crimen y el asesinato como medios para determinar los modos de comportamiento de la sociedad, pues para tocar esos temas, artística y eficazmente, hay que tener un mínimo de criterio y talento que, por cierto, los antes mencionados no tienen ni de chiripa. Quienes creen lo contrario, me parece que se están dejando arrastrar por la influenza… perdón quise decir la influencia del sesgo ideológico de moda. No hay que irse con la luna ni con el dedo cuando alguien señala el horizonte; y, asimismo, para ver reflexión y arte donde, evidentemente, no hay.

Las elegidas es en realidad una película ineficiente y pedante, por repetitiva, que narra la sosa historia de amor entre dos adolescentes que, a causa de esa insoportable moda de no utilizar actores, por momentos parecen bobos. Dicha historia está situada o contextualizar a en un medio marginal y convulso, pero Titanic de James Cameron también y no por eso es contestataria o de menor relevancia respecto al género en que está inscrita: el melodrama. La incapacidad dramática del elenco es fastidiosa. El cine como la actuación es un arte que se rige por leyes y técnicas, cuya ejecución precisa no se puede alcanzar con buenas intenciones.

Desde hace varios años, los sobrevaluados directores mexicanos jóvenes” o “emergentes” (eufemismo para ineficaces), que la visión eurocéntrica de lo “exótico” tiene en gran estima, confunden el género con el tono y éste con la intensidad. Confunden la anécdota con el argumento y éste con la acción. Y generan películas ambiguas, desfiguradas, sin pies ni cabeza que no se sustentan por sí mismas sino a partir de los tópicos de moda, las buenas intenciones del discurso contracultural políticamente correcto y las “artísticas y buenas conciencias de sus espectadores.

Por otra parte, hay una sensación de indefinición, como si quisieran al mismo tiempo hacer una historia comprometida de conciencia social, casi documental, y al mismo tiempo un cine elevado, metafórico y cuasi metafísico. Sin embargo, dadas sus limitaciones sobre el papel, es decir, en la construcción del guion, terminan por no atinar a ninguna. Es también el caso de que los cineastas utilizan como contexto la deplorable situación de la nación para contar sus historias o para darles sentido, pero en ninguna se encuentra la visión, punto de vista o postura de quien las hace: no hay criterio. Todo está tratado desde la abstracción del discurso al cual alude y éste lo encontramos lo mismo en un político sobre la tribuna que en un recién ingresado alumno universitario.

Lo más preocupante es que este tipo de películas se encuentran arropadas por un discurso panfletario lleno de fetiches contestatarios que no dan posibilidad de crítica. Resulta que decir que es una historia desgastada, sensiblera, pésimamente actuada, que es una película pobre en sentido, que no habla de lo que cree que habla y que, además de todo, no tiene un compromiso real, es atentar contra las dignas luchas sociales y los justos reclamos del pueblo mexicano que sufre de acoso, violencia y yugo. Nada más maniqueo, excepto el terrible juicio de papá Estado.

Así, Las elegidas es una película mal hecha, ineficaz en su argumentación, donde la prostitución forzada no es más que un pretexto para contar un cursi historia de amor, cuyos protagonistas son, como diría Alex Lora (es a propósito la referencia): un poema que el poeta nunca escribió.

Ahora que, haciendo honor a la verdad, no todo es malo. Hay brevísimos momentos que, aunque no aportan nada significativo a nivel dramático, son interesantes por el tratamiento de color y la fotografía.

Directores e historias como ésta seguirán ganando Cannes y recibiendo premios y estando en el gusto del público, especial y específicamente femenino (o de quien quiera quedar bien con el género femenino) y luego pasarán y serán olvidadas por la historia, porque parafraseando al filósofo: cuando un meme como éste logra repararse bajo la sombrilla de conceptos nobles e incuestionables como la libertad y la democracia, puede difundirse sin la necesidad de legitimarse y defenderse de la crítica social[1].




[1] Frabrizio Andreella. El placer en la trampa de la postmodernidad. La Jornada, No 925 (25 de noviembre de 2012)