jueves, 19 de noviembre de 2015

EL CRÍTICO NO ES UN ESPECTADOR QUE ESCRIBE

Leí la nota En defensa del espectador que escribe de  en Teatro mexicano.com.mx (http://teatromexicano.com.mx/5030/en-defensa-del-espectador-que-escribe/#comment-79) y la opinión me surgió casi sin remilgos. Acá la comparto porque, independientemente de la situación que la provocó, habla sobre ciertos aspectos de la crítica que me interesan y de refilón, vierto mi opinión sobre la obra "Reincidentes" de Alonso Ruizpalacios, la cual me pareció tan torpemente sosa que  en su momento no quise ni escribir al respecto. Atentamente: Antonio Mejía

Me parece que están confundiendo la gimnasia con la magnesia por varios puntos:
1.- Cualquiera puede escribir sus relatos y es válido, pero no cualquiera puede escribir crítica. Se habla aquí de una dramaturga y periodista, no de un espectador que escribe, porque además de saber de cierto que no a cualquier espectador que escribe se le publica, se supone que el crítico cuenta con ciertas herramientas y saberes y que tiene un rigor intelectual que no depende de subjetivaciones o estados emotivos sino de reglas muy concretas que si bien se expanden (concedo esto) no por eso deben perder su rigor científico. Asimismo el periodismo. Cualquier expresión artística está formada por una serie de elementos que pueden ser cuantificables, cualificables y que son irreductibles, a partir de allí se hace la crítica. El estilo del crítico es otra cosa.
2.- El crítico expone a través de sus saberes una lectura o traducción del trabajo del artista en pro del espectador; reducir o minimizarlo todo a la emoción, la autorreferencialidad egoísta o a tópicos tan desgastados como la censura para defender un trabajo mal realizado o que no concuerda con el espacio asignado es una falta de horizonte crítico. Si la reflexión y el análisis se delimita al sentimiento de compartir “algo íntimo” entonces no existe punto de discusión porque no hay discurso. Esto en gran medida ha ocasionado una serie de expresiones escénicas sin ningún valor estético pero que (para alguno) es meritorio de todo tipo de atenciones; y respecto a la crítica ha ocasionado su extinción. La realidad es que no a cualquiera se le ponderan sus miradas en un espacio dispuesto a la crítica.
3.- Como dije antes no se habla de un “espectador que escribe”, si así fuera no de tildarían de “vil censura” las muestras de desagrado a la crítica de una obra si bien es cierto que la voz popular no es ni debe ser determinante y que a veces se soslaya en algo o alguien. Sin embargo pasar por personal algo tan impersonal como una opinión en un espacio de esta naturaleza parece más un espaldarazo que una acción moderadora o precisamente crítica frente a un acontecimiento. Este tipo de reducciones de la complejidad genera que propuestas tan pedestres como la de “Reincidentes” tenga opción de situarse en el mismo nivel que producciones bien realizadas con más o menos escaparate. Si “cualquier apreciación o acercamiento de otro tipo está nublado por su experiencia”, es error de quien escribe, del texto crítico, porque si bien es cierto que todo pasa por las emociones, el oficio de escribir una opinión crítica (no hay más, es eso), debe -porque es su compromiso- ir más allá. De otra forma, cómo podemos valorar la opinión de Valeria y devaluar la opinión de quienes, con o sin razón, educada o groseramente, expresan su descuerdo.
Que te haya gustado o no “Reincidentes” depende de los horizontes críticos propios. Que sea una obra con o sin valor, depende de las características propias de la obra, de lo que propone en escena; y aquí asistimos a una obra cuyo único valor fu el del presupuesto que se le asignó.
4.- El crítico es un creador también, con su libertad de expresión y su libertad creativa y como tal tiene cierta responsabilidad frente a la obra, frente a la realidad y frente al otro. Decir que por esta libertad, se puede blindar todo trabajo elaborado, genera gethos y cofradías de artistas, críticos y curadores que en defensa de la libertad de expresión, son incapaces de expresar o recibir una opinión contraria, opuesta o distinta a la planificada o consentida.
Finalmente me parece muy peligroso poner a tan bajo costo conceptos como “censura”. Sobre todo cuando la situación de Valeria está en el nivel de las opiniones. Ahora que, si ella considera un ataque personal, desmedido y carnicero a su trabajo, qué mejor espacio para defender sus ideas.
Saludos.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Mad Max: Fury Road




Según el Larousse ilustrado o el Encarta de esta época(Wikipedia), la Ópera es: "Ópera (del italiano opera, 'obra musical') designa, desde aproximadamente el año 1650, un género de música teatral en el que una acción escénica es armonizada, cantada y tiene acompañamiento instrumental. Las representaciones son ofrecidas típicamente en teatros de ópera, acompañados por una orquesta o una agrupación musical menor. Forma parte de la tradición de la música clásicaeuropea u occidental." y de allí se desprenden subgéneros como la ópera-rock. Si algo así pudiera hacerse en cine, diría que "Mad Max: Fury Road" es una Ópera-rock bastante bien lograda, a pesar del elemento feministoide metido con calzador que nada tiene qué ver con la Ópera, ni con el Rock ni con la saga de Mad Max (aunque se le pueda escarbar para determinar lo contrario), pues como el título de esta última entrega lo indica, la película se trata de Furia y no del Guerrero en el camino. Aunque conserva, exalta y redefine varios aspectos que dotaron de particularidad la distópica realidad pos-apocalíptica de esta saga incluyendo el "interceptor" (a pesar de ya no ser amarillo), no supera las películas anteriores, especialmente porque el centro del argumento y de la actuación del supuesto protagonista es más parecido a Mundo acuático; y porque por lo mismo, es obvio que a Tom Hardy (a quien considero buen actor) le hacen falta dos razones de peso que el Sr. Mel Gibson tuvo siempre consigo: el registro y el talento 
Emoticón wink
Con todo, me parece se salva, de panzazo pero se salva, en cuanto a su calidad como película (o sea, no es un churro); pero reprueba en cuanto al aspecto mítico del héroe de la carretera: Max Rockatansky.

lunes, 21 de septiembre de 2015

SIMULACRO DE IDILIO


Pues que me voy a ver "Simulacro de idilio" de David Gaitán. Está obra cuenta las vicisitudes de un profesor de preparatoria que a decir del programa de mano "respeta a rajatabla los códigos morales que la sociedad en que vive ha establecido." Y el conflicto aparece cuando para obtener su bienestar laboral, familiar y -en fin- social, tiene que "corromperse". Muy al estilo -o al menos lo intenta- de "A serious man" de los hermanos Cohen.

Para decirlo de una vez, se trata de una comedia de enredos ligera, moralizante en su discurso contra los convencionalismos sociales. Y hasta eso me pareció divertida... aceptable; pero ¡oh destino!, resulta que luego vi a Mapy Cortes y Don Pedro Armendariz en "La guerra de los pasteles" de Emilio Gómez Muriel y los créditos de la obra comenzaron a desmoronarse :( Habría que decir que está bien actuada, que la utilización de los elementos técnicos que construyen los "apartes" en la acción están bien utilizados; y que en general se mantiene el ritmo y el tono a pesar del final y del indeciso diseño de iluminación. Tiene momentos bien logrados como comedia ligera, especialmente porque Harif Ovalle explota al Máximo su -según he visto- pequeño pero bien trabajado registro como actor (si fuera conocido mío le insistiría en que creara un personaje estilo Mr. Bing y llenara ese vacío en la tv mexicana, creo que podría lograrlo sin complicaciones). 


Aunque por momentos la utilización de los objetos escénicos para redondear la acción se me hizo innecesario y el diseño escénico es como de teatro de universitarios, considero que no estorba ni demerita como en otros casos. Lo preocupante fue ver que no se llenó ni la mitad del aforo aun cuando muchas eran cortesías y por la misma razón que en la mayoría del teatro independiente: no cuentan con un personaje mediático o de moda. El problema de la obra es que el final se vuelve panfletario al dividir el mundo en dos tipos de personas y juzgar a unos para ennoblecer al otro, traicionando así el sentido de la comedia. Pero qué se le va a hacer, como diría el filósofo ¡Oh tiempos, oh costumbres!

miércoles, 12 de agosto de 2015

MI ÚNICA CLASE CON EL MAESTRO JOSÉ LUIS IBÁÑEZ


Cuando conocí al Maestro José Luis Ibáñez estaba en segundo semestre de la carrera en Literatura Dramática y Teatro. Interrumpí su clase porque tenía la presentación de un avance en Dirección II. 

-Dígame joven, ¿qué desea usted?, ¿por qué cree que tiene derecho a interrumpir mi clase?- Me cuestionó educadamente.

-Quiero ver si puedo entrar y utilizar quince minutos de su clase para montar porque...-

-Disculpe, y esto es de lo que hablaba jóvenes- refiriéndose a sus alumnos - acerca del cuidado que requiere expresarse correctamente, con precisión y claridad. Ahora usted, párese allí enfrente y explíquenos qué desea- me dijo, con amabilidad y hasta con ternura, seguramente por mi torpe intento de rebelarme ante las formas. Yo empece de nuevo únicamente para que, de nuevo, me detuviera. Los quince minutos que pedía terminé utilizándolos para expresar mi deseo correctamente. 

Cinco minutos más fueron necesarios para que, esta vez con justa severidad, me comentara que hay formas y modos de pedir las cosas y estructuras en las instituciones que se deben agotar antes de convertirse en un arribista. Finalmente concluyó su clase y me respondió que no podía acceder a lo que yo pedía. Desconcertado, me quedé en una butaca mientras todos salían y entonces se me acercó para pedirme disculpas por haberme utilizado como conejillo de indias, me dijo que no era personal, que así como un director debe hacer lo que yo había hecho, un profesor también debía hacer lo que él hizo; que lo entendería luego y que rápido me sobrepusiera porque el equipo de trabajo estaba esperando indicaciones mías. El Maestro se fue. 

Ese día montamos y presentamos sin retraso. Tiempo después entendí la importancia que tiene en el teatro la conciencia sobre la precisión, la claridad y el correcto uso de las herramientas de expresión, aunque a veces me siga sintiendo como en esos veinte minutos de clase con el Maestro José Luis Ibáñez. Ahora visito esta Cátedra y me parece magnífica su idea de que primero hay que aprender a leer y después aprender a hablar, antes de siquiera pensar en subirse a la escena.


4´,33´´ de John Cage

12 años exactos de la muerte de John Cage ¿Quién es? Es fácil de decir, según la wikipedia: compositor estadounidense de vanguardia. 

Con 4´,33´´ me sucede lo mismo que con todas esas formas "novedosas y/o inovadoras" de hacer teatro o no-teatro, u otro-teatro en México. La idea en sí puede ser interesante. En este caso lo es, lo vanguardista se encuentra en la contemplación del silencio, elemento fundamental sin el cual no podría ser la música; y asimismo, elemento fundamental de la creación. Amplificar y evidenciar la creación del silencio es un ejercicio casi ritual y por ende espectacular. Es decir, no hay ausencia de sonido sino construcción del silencio y lo mismo que para el teatro hay ojos entrenados en la contemplación, un oído entrenado en la contemplación puede entender la abismal diferencia entre una cosa y la otra. Esto es evidente en el clip. Hasta aquí todo bien. La situación se complica cuando quienes espectan desean a fuerza tomar parte no de lo que espectan sino de lo que creen que debe acontecer y así, como el manual dice que "el material sonoro de la obra lo componen los ruidos que escucha el espectador durante ese tiempo", comienzan a impostar la "no-postura" y arruinan la pieza. Todas las toses que se escuchan forman parte de una caprichosa necesidad de tomar un lugar, postura o no-postura de un aspecto de la construcción artística a la que no pertenecen, porque su lugar dentro de esta estructura artística se encuentra en otro sitio, igual de indispensable y con una fuerte repercusión, pero en otro sentido. Quienes tosen buscan activarse pero su acción está vacía. Con todo, es interesante escuchar como los músicos, siguiendo la batuta, construyen el silencio, este silencio que no es absoluto, porque claro, el silencio absoluto como lo han demostrado los físicos es insoportable. El problema como con Warhol (por ejemplo) no es el artista o su obra, lo cual puede ser discutible o propicio para el intercambio de ideas, el problema son los fanáticos (algunos incluso tienen posiciones privilegiadas en las instituciones y marcan líneas), quienes a toda costa quieren formar parte de un "algo" que en realidad no entienden y al que accedieron únicamente como testigos, en el mejor de los casos.

ANEXO
¿Qué es 4´,33´´?, bueno pues: es una obra musical en tres movimientos realizada por el compositor estadounidense de vanguardia John Cage en 1952. La pieza puede ser interpretada por cualquier instrumento o conjunto de instrumentos. En la partitura, con una única palabra, «Tacet», se indica al intérprete que ha de guardar silencio y no tocar su instrumento durante cuatro minutos y treinta y tres segundos. Aunque comúnmente se considera que se trata de «cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio», algunos teóricos de las vanguardias musicales consideran que el material sonoro de la obra lo componen los ruidos que escucha el espectador durante ese tiempo. Con el paso de los años 4′33″ se ha convertido en la obra más famosa y controvertida de John Cage.(wikipedia)


jueves, 6 de agosto de 2015

REQUISITOS ASISTENTE DE DIRECCIÓN


Los requerimientos indispensables, además de los comunes (Ser la mano derecha del Director. Elaborar el plan de ensayos junto con la responsable de la producción -Fabiola Becerril-. Supervisar el reparto y el equipo necesario. Ser el principal enlace entre el Director y el elenco de la obra así como con el equipo de producción), son los siguientes:

PERFIL
-Conocimientos e interés en la dirección escénica como en la creación de diseños escénicos.
-Creatividad, imaginación escénica y decisión.
-Disponibilidad de tiempo y de traslado (aunque todas las juntas, ensayos, etc, se realizan mediante previo acuerdo)
-Responsabilidad, criterio y compromiso.
-Confianza en la creatividad propia, en la de los compañeros y en el proyecto.
-No se requiere experiencia.

En el sentido estricto del proceso de En la sombra tus ojos, tomando en cuenta que todo el equipo creativo participa de varias de las tareas.
-Recibir al público y ayudar en la supervisión de la taquilla.
-Ayudar en el montaje y desmontaje.
-Auxiliar en la toma de notas de dirección y en la dirección de actores.
-Auxiliar en las necesidades técnicas y creativas de los procesos teatrales.

Respecto a Onírica Drama

-Sería deseable colaborar en proyectos posteriores en cuanto al diseño escénico y en el proceso de ensayos (dirección escénica, dirección de actores).

Somos una compañía de reciente creación, en este momento no podemos ofrecer pago como tal, ya que los involucrados buscamos conformar un grupo de trabajo con mecanismos concretos de organización, con una poética propia y visión a futuro.

Si te interesa favor de mandar tu CV o una breve síntesis curricular a oniricadrama@gmail.com

cc para 
fabs.burns@gmail.com

martes, 21 de julio de 2015

LA PRIMERA PELÍCULA DE BELA TARR QUE FUE LA ÚLTIMA


Hoy Bela Tarr cumple 60 años y recuerdo que la primera película suya que encontré en mi camino​ fue la última. Yo ignoraba por completo su filmografía y por lo mismo, que con este filme se despedía del séptimo arte, pues le parecía ya insuficiente. El caballo de Turín (A torinói ló / The Turin Horse / Le Cheval de Turin​) me impactó como no me pasaba desde El espejo de Andréi Tarkovski; ​como sólo una obra maestra puede hacerlo, entendiendo esta como aquella que continúa viviendo a través de sus propias leyes y tiene un tremendo impacto estético y emocional, aun cuando no esté de acuerdo con el punto de vista fundamental del autor... es un juicio sobre la realidad, completo y perfecto, y actúa sobre esa realidad; su valor radica en dar plena expresión a una personalidad en relación con el espíritu (Esculpir el tiempo, 49, 51).

El cartel me llamó la atención por su hondo y frío vacío, porque me recordó inevitablemente las imágenes de Juan Rulfo, porque es de alguna forma el estado en que generalmente me veo cuando pienso en lo que la filosofía enuncia como: "yo y mi circunstancia". Luego encontré el corto de la película y me quedé boquiabierto cuando en la pantalla apareció -de un fade in durante casi un minuto-, un quinqué en blanco y negro con una llama tiritante en medio de una oscuridad que se lo tragaba todo, para salir en un fade out ¡Era todo! Pensé que se trataba de una tremenda idiotez o de algo espectacular, así, sin medias tintas; que de cualquier forma no podía perdérmelo, sobre todo cuando por entonces la Cineteca Nacional se iba encaminando a la disyuntiva de seguir proyectando películas interesantes que nadie veía y por lo mismo ser denostada por las autoridades o volverse complaciente para crear público y hacerse rentable, es decir, esa necesidad propia de las empresas culturales en México de justificar las inversiones.

Así que, todavía con las suspicacias propias del asunto me encaminé al cine, compré mi boleto de entre $15 y $25 (si mal no recuerdo) y esperé durante cinco cigarrillos a un lado de la sala, que a medio hacer (pues recién empezaba la remodelación) y bajo el oscuro silencio de Mayorazgo, en la última función de la noche de un jueves, resultaba un marco perfecto para lo que a continuación se nos revelaría. Antes de llegar a la mitad de la película muchos abandonaron la sala aburridísimos; de los que nos quedamos al final, unos salieron despotricando y otros pocos nos fuimos realmente afectados. Al siguiente día de inmediato busqué la filmografía completa de Bela Tarr (que únicamente encontré en la piratería) y antes de terminar la semana ya había visto desde Nido familiar hasta de nuevo El caballo de Turín, esta vez acompañado de mi hermano quien me confirmó la bella obra maestra que había realizado este ARTISTA húngaro.


Tiempo después vi un poco de la entrevista en el Festival de Morelia, Reygadas le pide a Bela Tarr que explique de qué va su película porque, aun con todo, hay cierta confusión entre los asistentes; el artista contesta que (palabras más, palabras menos) "es una película larga, aburrida, en blanco y negro que nadie debería ver". Todos responden a este comentario con una risa nerviosa y B. Tarr revira "no es una broma" y así este acto se convierte también en una alegoría.

Hay cineastas que a través de recetarios pretenden adueñarse de poéticas y de percepciones estéticas*. Hay cineastas que tienen una estética y quizá hasta una percepción de mundo, pero que siguen siendo limitados, medianos. Hay otros en cambio, como dice la canción, que son imprescindibles, cuya filmografía es un sólo y mismo acontecimiento y que se inscriben en otra dinámica, cuyas micropoéticas conforman una macropoética de obras maestras que se revelan al hombre como un juicio sobre la realidad, completo y perfecto, y (que) actúa sobre esa realidad (Ibídem); donde encontramos a autores como Tarkovski, Kieslowski, Sokúrov o Bergman (a quien considero todavía desconocido y sobrevalorado por su fans). Es obvio que quizá anden por allí creadores de igual magnitud y que me son desconocidos; creadores que en este momento de su niñez o juventud se encuentren recogiendo el bagaje de horizontes para abrir la realidad en el futuro. En este momento, hablando de un cine más comercial, podría mencionar, aunque en una estética radicalmente opuesta, a Roy Andersson y en menor medida David Lynch o Catherine Breillat. En el caso de México tenemos (con todas las salvedades) a Jaime Humberto Hermosillo y Arturo Ripstein, por ejemplo.

Entonces Bela Tarr anuncia que después de El caballo de Turín se retira del cine y aunque un artista nunca se retira realmente, esto me parece espectacular porque hace crecer la alegoría de la que halaba antes. Tal vez eso, el encuentro con esa verdad donde la fealdad y la belleza están contenidas una en la otra. Esta prodigiosa paradoja, en todo su absurdo, (que) fermenta la vida misma, y en el arte crea esa totalidad en la cual la armonía y la tensión se unifican (Esculpir el tiempo, 46), fuera el sentido del rechazo de unos, de la indiferencia de otros, de la aceptación mía frente a esa inevitabilidad en donde diario leo a poetas y dramaturgos, encuentro a premiados y favorecidos y percibo la multiplicación de los onanistas del valor intrínseco del acto personal; veo a los perdedores eternos, a los ganadores natos y apremia saber que "el final del mundo es muy silencioso, muy débil. Así que el final del mundo se acerca como lo veo en la vida real – lenta y silenciosamente. La muerte es casi siempre la escena más terrible y cuando ves a alguien morir – un animal o una persona – es algo terrible. Y lo más terrible es que parece que no ha pasado nada." (http://cineuropa.org/ff.aspx?t=ffocusinterview&l=es&tid=2207&did=198131)




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Anexo que nadie debería leer:

*Lamento tener que mencionarlo, pero es inevitable y considero que hasta urgente, no se trata en este caso de mimetizarme -como bien me hacía ver Vera Milarka-, ya que luego de mucho pensarlo no se trata de un insulto sino de una descripción. Los cineastas, los aspirantes, los pretenciosos a los que me refiero son los intelectuales ignorantes, veganos de starbuck y cerveza orgánica, que se meten a las cantinas de mal muerte y van a contar la pobreza como un niño que visita un parque de diversiones. Son los ganadores natos, los premiados, los favorecidos, esos privilegiados avariciosos de los que hablaba Tomás Segovia en Modesto desahogo.

P. D. Querida Vera: sé que no te va a agradar esta descripción mía, pero alguien tiene que decirlo y a veces no hay buenas palabras para las malas cosas. Pido que por esta ocasión se me permita la expresión, sobre todo cuando para evitar lo personal, lo he sacado del cuerpo del texto.